NARRACIÓN.
¿Qué
pasaría si fuera yo?
Creo que
tengo la costumbre de ponerme en los zapatos de los demás. Hoy subió un joven
al metro, de esos que te dan un pensamiento y te piden una moneda para ayudar a
personas que padecen SIDA o son cero positivo.
Suponiendo
sin conceder que eso fuera cierto. Me pareció totalmente denigrante que un
enfermo se viera en la necesidad de pedir limosna para subsanar necesidades
básicas.
Lo qué me
llevo a reflexionar qué pasaría si fuera yo, qué pasaría con mi vida, con mi
familia, con mi trabajo, con mi pareja, con mis sueños. La gente me aceptaría o
me rechazaría, tendrías solvencia económica para enfrentar los gastos de los
medicamentos.
Creo que un
enfermo de este tipo tiene que librar tres batallas simultáneas, tremendas por
cierto. La primera con uno mismo, enfrentarse a la muerte, a la depresión, a la
desolación y muy probablemente al abandono. Situación nada fácil y por supuesto,
menos alentadora.
La segunda, sería
con la discriminación y el rechazo. Solemos ser tan crueles sobre todo en una
sociedad como la nuestra. Unos, por ignorancia y otros quizá por temor o
prejuicio. Aunque pensándolo sin pasiones quizá yo actuaría de la misma manera.
La tercera
lucha y la más encarnizada seria con el virus. Imagino a mi cuerpo como una
carnada en medio de una piscina llena de pirañas dispuestas a devorarme.
He leído que
el virus del VIH es un militar estratega que sabe desarmar a su victima y
dejarla indefensa ante los ataques, no sólo de él sino del regimiento entero de
bacterias y virus que me debilitarían hasta llevarme irremediablemente a la
muerte.
Me
preocuparía saber cómo me contagie, bajo que circunstancia y más aun si he
contagiado a alguien sería terrible y un peso imposible de cargar. Creo que
nunca me lo perdonaría.
Se que hoy
existen medicamentos maravillosos que te ayudan a tener una mejor calidad de
vida, pero la pregunta es sí yo simple mortal tendría la capacidad económica
para acceder a ellos.
Otra cosa que
me preocupa es cómo lo tomaría mi madre. Sería un dolor y una pena tremendos
para una mujer que espera irse antes que sus hijos. Me parte el alma sólo
pensar en que un día, Dios no lo quiera tuviera que darle esa noticia a la
pobre.
Estaba leyendo
que las mujeres son más propensas a contraer la enfermedad sobre todo en su
condición de esposas, gracias a la promiscuidad de sus maridos. Lo que me llevo
inevitablemente a pensar en mi hermana.
Considero,
que estoy a tiempo para informarme en primera instancia y después actuar en
consecuencia. Sin perder de vista que cualquiera, sin importar su posición en
la sociedad es vulnerable ante está enfermedad.
Uno no debe
confiar, ni dejarse llevar por impulsos que debes ser responsable no sólo de su
persona sino también de los que amas. El uso del condón es arma elemental para combatir
a virus del VIH.
Pero no sólo
eso, sino también tratar de llevar una vida sexual sana y sobre todo honesta.
Quizá, suene trillado y hasta un lugar común pero sólo con responsabilidad se
puede mantener sitiado aun enemigo tan implacable como el VIH SIDA.
Claro, ese es
el grano de arena que cada uno debemos poner, ya que también las instituciones
llámese gobierno, iglesia y centros educativos deben colaborar para crear un frente
común.
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