sábado, 6 de febrero de 2016

NARRACIÓN


NARRACIÓN.

 

¿Qué pasaría si fuera yo?

 

 

Creo que tengo la costumbre de ponerme en los zapatos de los demás. Hoy subió un joven al metro, de esos que te dan un pensamiento y te piden una moneda para ayudar a personas que padecen SIDA o son cero positivo.

 

Suponiendo sin conceder que eso fuera cierto. Me pareció totalmente denigrante que un enfermo se viera en la necesidad de pedir limosna para subsanar necesidades básicas.

 

Lo qué me llevo a reflexionar qué pasaría si fuera yo, qué pasaría con mi vida, con mi familia, con mi trabajo, con mi pareja, con mis sueños. La gente me aceptaría o me rechazaría, tendrías solvencia económica para enfrentar los gastos de los medicamentos.

 

Creo que un enfermo de este tipo tiene que librar tres batallas simultáneas, tremendas por cierto. La primera con uno mismo, enfrentarse a la muerte, a la depresión, a la desolación y muy probablemente al abandono. Situación nada fácil y por supuesto, menos alentadora.

 

La segunda, sería con la discriminación y el rechazo. Solemos ser tan crueles sobre todo en una sociedad como la nuestra. Unos, por ignorancia y otros quizá por temor o prejuicio. Aunque pensándolo sin pasiones quizá yo actuaría de la misma manera.

 

La tercera lucha y la más encarnizada seria con el virus. Imagino a mi cuerpo como una carnada en medio de una piscina llena de pirañas dispuestas a devorarme.

 

He leído que el virus del VIH es un militar estratega que sabe desarmar a su victima y dejarla indefensa ante los ataques, no sólo de él sino del regimiento entero de bacterias y virus que me debilitarían hasta llevarme irremediablemente a la muerte.

 

Me preocuparía saber cómo me contagie, bajo que circunstancia y más aun si he contagiado a alguien sería terrible y un peso imposible de cargar. Creo que nunca me lo perdonaría.

 

Se que hoy existen medicamentos maravillosos que te ayudan a tener una mejor calidad de vida, pero la pregunta es sí yo simple mortal tendría la capacidad económica para acceder a ellos.

 

Otra cosa que me preocupa es cómo lo tomaría mi madre. Sería un dolor y una pena tremendos para una mujer que espera irse antes que sus hijos. Me parte el alma sólo pensar en que un día, Dios no lo quiera tuviera que darle esa noticia a la pobre.

 

Estaba leyendo que las mujeres son más propensas a contraer la enfermedad sobre todo en su condición de esposas, gracias a la promiscuidad de sus maridos. Lo que me llevo inevitablemente a pensar en mi hermana.

 

Considero, que estoy a tiempo para informarme en primera instancia y después actuar en consecuencia. Sin perder de vista que cualquiera, sin importar su posición en la sociedad es vulnerable ante está enfermedad.

 

Uno no debe confiar, ni dejarse llevar por impulsos que debes ser responsable no sólo de su persona sino también de los que amas. El uso del condón es arma elemental para combatir a virus del VIH.

 

Pero no sólo eso, sino también tratar de llevar una vida sexual sana y sobre todo honesta. Quizá, suene trillado y hasta un lugar común pero sólo con responsabilidad se puede mantener sitiado aun enemigo tan implacable como el VIH SIDA.

 

Claro, ese es el grano de arena que cada uno debemos poner, ya que también las instituciones llámese gobierno, iglesia y centros educativos deben colaborar para crear un frente común.

 

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